29 julio 2012

Dos personas y dos finales

Texto: Salmo 1

Tema: Contraste entre justo e injusto

INTRODUCCIÓN

Sobre el Salmo 1 hay cánticos diversos y nosotros cantamos uno que desde que inicia ya tiene problemas; muchos compositores cristianos consideran que las licencias literarias se aplican también al texto bíblico, pero eso no es así, la Biblia hay que citarla y decir lo que dice, no lo que acomoda a la métrica musical o nos agrada en lo personal.

El Salmo 1 establece un contraste entre dos tipos de personas; el salmista, inspirado por Dios, nos presenta nos muestra dos estilos de vida y los finales que tendrá cada uno. Un final positivo y un final negativo.

DESARROLLO

I.- EL BIENAVENTURADO (Vs. 1-3)

-Bienaventurado: Dichoso, feliz (No dice Bueno como un coro por ahí. No cambiar las palabra a la Biblia).

-Varón: Persona, humano, individuo, hombre

1.- No anduvo en consejo de malos: (v. 1ª) No sigue el consejo, el propósito y designio de los impíos, de los inmorales, de los malvados y perversos.

2.- Ni estuvo en camino de pecadores: (v.1b) No se siente cómodo ni soporta la costumbre, la conducta y el modo de vida del pecador, del transgresor, del que sigue sus propios caminos y no el de Dios.

3.- Ni en silla de escarnecedores se ha sentado: (v. 1c) No habita, no se reúne, no cultiva la amistad con burladores, con los que se mofan de las cosas santas.

4.- a) Se deleita en la ley de Jehová: (v. 2ª) Se goza, complace, desea, estima y gusta de los preceptos y estatutos de Dios (se refería mayormente al Pentatéuco). Quiere cada vez más Biblia en su vida.

b) Medita en la ley de Jehová: (v. 2b) La idea es que la repite de tal manera que se escucha como que murmura algo, comparado con el rugir de un animal por el sonido. La persona habla tanto la palabra de Dios para grabarla en su mente y encontrarle el sentido a lo que Dios dice. No es una lectura superficial.

5.- Será como árbol fuerte: (v. 3) Es un árbol plantado, no que nació silvestre, salvaje. Se le da el privilegio de estar rodeado de muchas aguas, cosa que escaseaba en Israel. Da fruto a tiempo y no se marchitan sus hojas por falta de agua. Será próspero y exitoso porque sigue la dirección de Dios, no el éxito según el mundo.

II.- LOS MALOS (vs. 4-5)

1.- Son como tamo: (v. 4) El impío es comparado con paja que se lleva el viento. Esta paja es el producto de los golpes dados al vegetal para separarlo del grano. El impío no tiene firmeza, es llevado por el viento, no tiene seguridad y es sin fruto.

2.- Serán condenados: (v. 5) En el juicio, frente al juez, no se levantarán, no podrán sostenerse, no tienen argumentos de defensa. Cuando Dios congregue a su pueblo, a los justos, los impíos no se encontrarán entre ellos.

CONCLUSIÓN: El versículo 6 nos aclara que Dios conoce de manera íntima el accionar y estilo de vida del justo y lo guarda. Sin embargo, en contraste, la senda y camino de los malos perecerá. ¿Por qué hemos de llevarnos de ellos y seguir sus consejos y pasos?

APLICACIÓN

¿Eres de los dichosos de Jehová o de los malos?

¿Sigues el consejo de los malos o el de Dios?

¿Te sientes cómodo con el estilo de vida del impío o no lo soportas?

¿Cultivas la amistad con los escarnecedores o con cristianos de buen testimonio?

¿Te deleitas y meditas en la ley de Jehová o sólo la lees superficialmente?

18 julio 2012

El Cristiano y las riquezas

Una cosa es maldecir las tinieblas; otra muy distinta encender una luz y alumbrar el paisaje. El lugar para empezar está en el Salmo 24:1. Sin saber a quien pertenecen todas las cosas, estamos propensos a creer en cualquier cuento. Escuchemos lo que David tiene que decir: De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan. Es de extrema importancia que entendamos este texto. Dios es el dueño de la propiedad, nosotros simplemente somos los inquilinos. El Señor de la Gloria ostenta el título de propiedad, nosotros simplemente somos los mayordomos. Todas las cosas que podamos adquirir en esta vida no pasan de ser meros préstamos. No llegamos con ellas a la tierra, y tampoco podremos llevárnoslas con nosotros. Todas pertenecen a Dios y El puede hacer con ellas lo que le plazca.
Recordar con exactitud este hecho fundamental habrá de ahorrarnos muchos problemas en nuestro paso por el mundo. Es provechoso para nosotros contestarnos periódicamente la pregunta del apóstol Pablo en I Corintios 4:7: "¿Qué tienes que no hayas recibido?". La respuesta, desde luego, es "nada". Todo lo que tienes, te lo ha dado Dios. Como le dijo Pablo a los atenienses: "él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hechos 17:25). Si alguna vez está usted tentado a pensar que por su propia fortaleza o bondad, ha sido usted capaz de acumular grandes riquezas, recuerde la pregunta hecha por Pablo.
En segundo lugar, recuerde que la acumulación de riquezas no es el propósito del llamado a ninguno de los hijos de Dios. Sí, es cierto que Dios prospera a algunos; pero también El coloca a otros en circunstancias más modestas. La pobreza no tiene por qué igualarse a la piedad; pero tampoco tienen las riquezas que igualarse a la rectitud. Si existiera una proporción de equivalencia absoluta entre la bondad y las riquezas, entonces las gentes más buenas del mundo serían también las más ricas. Pero una mirada a cualesquiera de las listas de los hombres más ricos del mundo, echarían abajo, muy rápidamente, tal suposición.
Tercero, nuestra actitud ante las riquezas debiera reflejar la posición del apóstol Pablo en  el libro de Filipenses. Algunos fragmentos en ese libro constituyen casi un manual incipiente para aprender el punto de vista bíblico sobre las riquezas. Podemos empezar por mirar a Filipenses 4:12-13: Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Podemos también tomar en consideración las palabras del apóstol consignadas en un párrafo anterior: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros (2:3,4).
Ahora podemos fijamos en el ejemplo que Pablo usa para ilustrar lo que pasa cuando el pueblo de Dios usa sus recursos para honrar y glorificar el nombre de Dios: Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación... pues aún a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades... mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (4:14,17,19).
Bueno es que nosotros siempre recordemos que aunque Dios nos haya prometido una herencia eterna más allá de nuestros sueños más fantásticos. Sus promesas para nosotros en esta tierra a veces son de un matiz muy diferente: Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en El, sino también que padezcáis por El(1:29).
Finalmente, nos hace falta considerar dos cosas, la advertencia y la promesa de esperanza gloriosa que el apóstol gozosamente expone para nosotros en Filipenses 3:18-4:1. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su  vergüenza; que solo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual también puede sujetar a sí mismo todas las cosas. Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.
Las riquezas vienen del Señor, dice Pablo. Pero no se identifique demasiado con ellas. Lo que usted tenga, úselo para la expansión del evangelio y en beneficio de aquellos que le rodean. Esté atento a las dificultades que habrán de aparecérsele en su camino. Y nunca olvide que un día Jesús vendrá y segará todo lo que esté sobre esta tierra y entonces habrá de concedernos un cuerpo que jamás se corromperá, nunca sufrirá dolores ni tendrá necesidad jamás ni de alimento, ni de oro ni riquezas. En otras palabras, conduzca su vida aquí abajo como un mayordomo responsable para que un día, en el juicio, Dios mismo le ofrezca la recompensa que tiene para usted (Mateo 25:21).
Estoy fuertemente tentado en estos momentos a mencionar algunos pasajes del capítulo que trata sobre el dinero, en el libro de John Piper, titulado "Desíring God", pero voy a contenerme a mí mismo ofreciéndoles solamente una cita. En mi opinión, las palabras de Piper en este capítulo están entre las mejores que yo haya leído sobre el tema del cristiano y el uso de su dinero. Dígame si no está usted de acuerdo: "Se está desarrollando hoy día una doctrina sobre las riquezas y la prosperidad, basada en la media verdad que dice que 'nosotros glorificamos a Dios con nuestro dinero disfrutando agradecidamente de todas las cosas que nos permite adquirir. ¿Por qué tendría un hijo del Rey que vivir como un pordiosero?'  Y de ahí en adelante. La única verdad parcial en esta afirmación es que nosotros debemos dar gracias a Dios por cada cosa que El nos permite tener. De esta forma, lo glorificamos. La mitad falsa es la sutil implicación de que Dios puede ser también glorificado por medio de las adquisiciones más extravagantes que podamos conseguir con nuestro dinero. Si la anterior apreciación fuera cierta, Jesús no hubiera dicho: 'Vended lo que poseéis, y dad limosna' (Lucas 12:33). El tampoco hubiera dicho 'no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber' (Lucas 12:29). Juan el Bautista tampoco hubiera dicho 'el que tiene dos túnicas, dé al que no tiene (Lucas 3:11). El Hijo del Hombre no hubiera tenido que andar de un lugar a otro sin tener un sitio donde recostar su cabeza (Lucas 9:58). Y Zaqueo no hubiera tenido que dar la mitad de sus bienes a los pobres (Lucas 19:8). Dios no es glorificado cuando nosotros guardamos para nosotros mismos (no importa con cuánta gratitud), lo que debiéramos estar usando para aliviar la miseria de los inconversos, de los ignorantes, de los enfermos y de los millones que están hambrientos. La evidencia de que muchos cristianos profesantes han sido desviados por esta doctrina se descubre en lo mucho que tienen y en lo poco que dan. Dios les ha prosperado.
Y por una casi irresistible y compulsiva ley de esta cultura de consumo (bautizada en una doctrina de salud, riqueza y prosperidad), ellos compran casas más y más grandes, autos siempre nuevos y ataviados de lujos, ropas excesivas abrumadas de lujos, la mejor carne del mercado y todos los equipos, máquinas, utensilios e inventos que hacen la vida más placentera y llevadera. El argumento es: "¿No ha prometido el Dios del Antiguo Testamento que dará prosperidad a sus hijos? ¡Claro que sí! Dios aumenta nuestros beneficios de tal manera que dando, demostramos que nuestro dios no está en lo que adquirimos. Dios no prospera a un hombre de negocios para que él pueda cambiar un Ford por un Cadillac. Dios le da la prosperidad para que unas 17.000 personas sin evangelizar puedan ser alcanzadas con el mensaje de salvación. El prospera un negocio para que el doce por ciento de la población del mundo pueda moverse un paso atrás ante el precipicio del hambre... El problema no está en cuánto una persona recibe como compensación por su trabajo.
Grandes industrias y grandes salarios son un hecho de nuestra época y no se trata de algo necesariamente malvado. El problema está en llegar a la conclusión de que un salario de $100.000 necesita exactamente un estilo de vida de $ 100.000. Dios nos ha convertido en instrumentos de su gracia. El peligro está en pensar que el instrumento tiene que adornarse con oro. No tiene que ser así. A fin de cuentas, con cobre daría igual".
Mis amigos, la decisión es de ustedes. Ustedes pueden tragarse el disparate de los predicadores de la Fe acerca del derecho que tienen a revolcarse en excesos autosatisfacedores, o pueden afirmar sus corazones en la profunda satisfacción que únicamente proviene de un generoso uso de las posesiones para la promoción del evangelio y para el mejoramiento de las personas que viven alrededor nuestro. Usted puede vivir responsablemente como un mayordomo de los recursos que Dios le da y algún día podrá oir como El le dirá: "Bien hecho, siervo bueno y fiel" o quizás decida usted despilfarrar Sus dones y tener que enfrentarse a las fuertes palabras que caerán sobre su atontada alma:  "Te digo la verdad, ahora vas a recibir todo lo que mereces". Yo voy a colocar para mí mismo "el buen fundamento para lo por venir", de tal manera que pueda también "echar mano de la vida eterna" (I Timoteo 6:17-19 BLA). Pero no estoy dispuesto a afirmarme a mí mismo en "tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan" (lea Mateo 6:19-21 BLA). Mis amigos, lo que vale es su estado de cuentas en el cielo. Si su esperanza se afianza solamente en lo que usted tiene aquí, está usted en bancarrota, no importa cuantos dígitos aparezcan asociados a su nombre.

Hank Hanegraaff
Cristianismo en Crisis