22 agosto 2019

La mala costumbre de no congregarse


Texto: Hebreos 10:24,25; Efesios 5:15-17
Tema: Lo sabiduría de asistir fielmente a los cultos


I.- INTRODUCCIÓN
         La práctica de la vida cristiana ha ido cambiando en los últimos años, de tal manera, que hoy los templos están llenos hasta la mitad y a veces menos de la mitad. Muchos que se llaman cristianos no ven como necesario el asistir a los cultos, lo toman de manera muy ligera y algunos lo ven como un estorbo en sus vidas.

          Antes de entrar de lleno en el tema quiero definir el término congregarse: (episunagoge) reunir juntamente, recogimiento, reunión. Note que habla de personas o cosas que están juntas en un mismo lugar, se han recogido y puesto juntas.

II.- DESARROLLO
1.- Dios condena el no congregarse como dice Hebreos 10:25. La palabra dejando denota dejar atrás, abandonar en algún lugar, dejar en apuros, desertar. Un concepto totalmente negativo.
          Deducimos que Dios alaba y está de acuerdo con el hecho de que los cristianos se reúnan, estén juntos y tengan tiempo de recogimiento espiritual.
          La palabra Iglesia, a la cual muchos dicen pertenecer, da la idea de llamar fuera, i.e. reunión popular, específicamente congregación religiosa, asamblea. Se usaba entre los griegos para referirse a un cuerpo de ciudadanos reunido para considerar asuntos de estado.
          Por lo tanto, viendo estas definiciones, es imposible decir que se pertenece a una iglesia si la persona no se reúne, no se congrega y no está junto a los demás que sí están juntos, reunidos y como ciudadanos del reino de Dios para considerar los asuntos de ese estado o reino.

2.- Razones para congregarse:
          a.- Exhortarnos unos a otros: Denota lit. llamar al lado de uno, y de ahí llamar en auxilio de uno. Se utiliza para todo tipo de llamada a una persona que tiene como objetivo la producción de un efecto determinado, y de ahí adquiere varios diferentes sentidos y matices de significado, como alentar, amonestar, confortar, consolar, exhortar, llamar, además de su significado de rogar.
          b.- Estimularnos al amor y a las buenas obrar (v.24): La palabra denota incitarnos o provocarnos. Los creyentes tienen que considerar cómo pueden servirse los unos a los otros, especialmente estimulándose unos a otros al ejercicio más vigoroso y abundante del amor, y a la práctica de las buenas obras.
          Cada día esto debe hacerse con más fuerza porque hoy más que nunca aquel día se acerca. El regreso de Cristo hoy está más cerca y cada vez es mayor el ataque contra el Señor, la Iglesia y la Biblia.

Frase: Una de las razones para no congregarse, aparte de la pecaminosidad natural de la persona, puede ser la siguiente razón:
3.- Hay un mal uso del tiempo: Efesios 5:15-17. La palabra aprovechando es exagorázo y significa comprar, i.e. pagar rescate; figurativamente rescatar de pérdida. En este pasaje, tiempo es kairos, un período en que hay algo apropiado, momento adecuado u oportuno. Se trata de aprovechar al máximo cada oportunidad, procurando volver cada una de ellas para el máximo provecho, ya que ninguna puede volverse a aprovechar si se deja pasar.

a.- Hay un uso necio del tiempo: Yo-Trabajo-Relaciones-Dios
          Para algunos es: Trabajo-Yo-Relaciones-Dios
          También muchos viven en este orden: Urgente-Importante-Prioritario

b.- Hay un uso sabio del tiempo:
Dios: Dependo de Él
Yo: Quien soy dirige lo que hago
Relaciones: Dar importancia a otras personas en mi vida (familia, iglesia, amigos)
Trabajo: Lo uso para la gloria de Dios, proveer para mí, mi familia y otros.

También debemos aprender a ver las cosas en el orden correcto:
Prioritario: Dios
Importante: Yo, relaciones y trabajo
Urgente: Aquello que pone en peligro la vida o la hace difícil en un momento determinado.
          Muchos llamados cristianos están convirtiendo en prioritario o lo más importante en el uso del tiempo: el trabajo, el entretenimiento, la pareja, los hijos y al final de una larga lista Dios.

          Lo que consideras importante decidirá si te congregas, si no te congregas, cuánto te congregas y la calidad del tiempo cuando te congregas.


Predicador: José Amado Silvestre Marte
Ocasión: Promoción de la Escuela Dominical

La amorosa disciplina santificadora

Texto: Hebreos 12:1-11
Tema: La amorosa disciplina de Dios produce santidad


I.- INTRODUCCIÓN
            Parece raro mezclar amor y disciplina en una frase, porque la gente tiene en mente un concepto errado de la disciplina. Se piensa que la disciplina tiene como propósito hacer daño, pero la verdad es que disciplina tiene el significado de instruir a niños, enseñar, corregir, entrenar. Para lograr su verdadero propósito la disciplina debe ser con actitud amorosa.
            Hay muchos malos entendidos entre los cristianos con respecto a estos asuntos. Pero la verdad es que el pasaje que nos ocupa se puede resumir en que existe una amorosa disciplina que santifica.

II.- DESARROLLO
V. 1- El versículo 1 es resultado del final del capítulo 11. Esos creyentes del Antiguo Testamento son una gran nube de testigos de los resultados de la fe en Dios. Pecadores que creyeron en Dios recibieron bendiciones materiales y espirituales y fueron gentes que obedecieron a Dios a pesar de su naturaleza pecaminosa. Por la fe en Dios ellos lo agradaron y pudieron tener victoria en medio de pruebas.
            Los que vivimos en la gracia y que el Espíritu Santo vive en nosotros, debemos ejercitar la misma fe que esos testigos, poniendo lejos de nosotros el pecado que nos rodea por todos lados y de manera presurosa participar en la agonizante carrera que tenemos por delante. Debemos quitar lo que nos puede hacer tropezar y caer, lo que nos quita las fuerzas necesarias para seguir adelante (1 Corintios 9:24).

V. 2- Debemos participar en la carrera y batalla cristiana mirando siempre a Jesús. Tenemos los ejemplos del Antiguo Testamento, tenemos el testimonio de hombres fieles a Dios en la historia de la Iglesia, pero siempre debemos estar enfocados en Jesús (Efesios 4:13).
            Los corredores deben estar mirando hacia la meta a la que desean llegar, nuestra meta es ser como Cristo, por lo tanto, a Él es que debemos estar mirando hasta que lo logremos, lo cual será nunca. Pero no debemos desanimarnos, lo que debemos hacer es seguir corriendo toda la vida. La carrera cristiana dura toda la vida.
            Cristo corrió pensando en el gozo que es mayor que toda la vergüenza o desgracia. Así debemos también correr los cristianos, pensando en el gozo eterno que es mayor que cualquier vergüenza o desgracia presente.

V. 3- Contemplemos a Cristo, a quien le disputaron y desobedecieron, a quien los pecadores atacaron continuamente, de tal manera que al considerar lo que Él hizo, no perdamos el aliento y las fuerzas hasta desmayar o sentirnos desamparados por Dios. La vida de Cristo debe ser nuestro ejemplo para seguir adelante, teniendo nosotros también en poca cosa lo que nos puedan hacer los incrédulos.

V. 4- Este versículo nos recuerda que todavía no hemos enfilado nuestras armas espirituales a tal punto que lleguemos a derramar nuestra sangre. En nuestro combate contra el pecado todavía no hemos llegado al punto en donde se haga necesario derramar nuestra sangre.
            Observe que aquí el combate es en contra del pecado, es confrontar el pecado del otro ser humano (Efesios 6:12). No hemos sido llamados a hacer guerra física contra otro ser humano, es en contra de su accionar pecaminoso. No creemos en las cruzadas y las guerras santas. El cristianismo es diferente, si se ha de derramar sangre será la nuestra, no nosotros derramar la de otra persona. Muchos que no han nacido de nuevo, aunque estén o no en la membresía de la iglesia, no entienden esto.

V. 5,6- Estos versículos advertían a los hebreos que habían olvidado la exhortación consoladora que Dios les había dicho en el Antiguo Testamento: No debían tener al menos la disciplina o entrenamiento de parte de Dios y no desmayar o desanimarse cuando Dios los amonestara (Job 5:17; Proverbios 3:11,12).
            Dios sólo corrige, instruye, entrena, educa y azota a los que recibe y acepta como sus hijos. Ellos no debían olvidar eso y nosotros tampoco. Cuando sintamos la corrección y los azotes de Dios es porque Él nos está educando, entrenando y corrigiendo por el hecho de ser sus hijos.

V. 7-9- Si perseveramos bajo la disciplina debemos entender que Dios nos está tratando como hijos, diciéndonos que Él es nuestro padre. Hay una pregunta que nos indica que es algo extraño si hay algún hijo que nunca es disciplinado y corregido por su padre. Se entiende que la norma es que los hijos sean confrontados y corregidos por sus padres, quienes ejercen disciplina sobre ellos.
            El que dice que es cristiano y nunca Dios lo ha disciplinado entonces debe entender que en verdad no es hijo legítimo, no es de la gracia. No es hijo de la promesa, no es de Sara sino de Agar la empleada de la casa. Si Dios aparentemente te deja pecar y nunca has sentido su corrección y sus azotes, entonces no eres un verdadero hijo de Dios, eres bastardo, no eres parte de la familia de la fe. Dios no tiene hijos bastardos, todos son parte de la misma familia.
            Si a nuestros padres terrenales los respetábamos cuando nos disciplinaban, es mucho mejor someternos al padre de todo espíritu y vivir, ser preservados y guardados.

V. 10,11- Los padres terrenales nos disciplinan hasta cierta edad, hasta que ya se supone que llegamos a la mayoría de edad o nos independizamos, y lo hacen según ellos consideran o les parece que es lo mejor, pero Dios lo hace con dos propósitos útiles y que son de provecho y beneficio eternos.
            La disciplina, cuando se está ejecutando puede producir tristeza (Proverbios 15:10), es un entrenamiento en el cual hay que quitar todo lo que estorbe, es Dios desnudándonos. Pero dice la Palabra de Dios que al final produce un saludable resultado:

1.- Para que participemos y comamos de su santidad: v. 10up (1 Pedro 1:15,16; Hebreos 12:14).
2.- Produce justicia, rectitud, lo que es bueno y nos conforma al carácter de Dios: v. 11up (Mateo 5:48; Filipenses 1:9-11).

III.- CONCLUSIÓN
            La disciplina que viene de Dios tiene como propósito producir en nosotros santidad y justicia. Dios nos entrena para producir fruto en nosotros, para lo que es provechoso, para lo que es bueno.
            La disciplina Dios la ejerce sobre sus hijos, para aquellos que pertenecen a su familia espiritual. Si Dios deja a alguien sin disciplina está indicando que tal persona no es hija de Él, que es bastarda, ilegítima.
            Si estás siendo disciplinado por Dios, si estás en la escuela de entrenamiento de Dios significa que está procurando un carácter santo como el de Él y hacerte participar de su santidad. No tengas en poco cuando Dios confronte tu pecado y te corrija, es para provecho.
            Y no detengamos o intentemos detener el proceso de disciplina en la vida de un cristiano, le estaremos haciendo daño e impidiendo su crecimiento espiritual. Alguna vez Dios ejercerá su disciplina por medio de la iglesia local, debemos ejercerla con la actitud amorosa que Dios espera de nosotros.


 Predicador: José Amado Silvestre Marte

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